Agustina Esperón tiene un
trabajo muy especial, desde hace
casi 30 años se encarga de la restauración y conservaciónde piezas y de edificios históricos de valor patrimonial. Apasionada por su trabajo
sostiene que en la vida hay que ser genuinos,
esa es la manera de alcanzar la felicidad.
Con pasión. Ante uno de los altares laterales recientemente restaurado, Agustina nos explica como es el arte de la restauración.
¿Desde
cuándo están trabajando en la restauración de la Cripta de la Basílica de María
Auxiliadora?
En septiembre de 2012 comenzamos con los estudios
preliminares de las pinturas murales y de los cielos rasos, tomamos muestras y las
llevamos al laboratorio para entender la obra de arte. Entonces cuando uno
entiende la obra de arte puede hacer un plan de restauración porque es
importante conocer los materiales con que está hecha la obra de arte, la
metodología que utilizó el artista. Cuando uno tiene eso claro entiende cuál
fue la ejecución y entonces uno ahí puede intervenir.
¿Cómo
se te ocurrió estudiar esta profesión?
La verdad es que cuando era chica quería
ser médica (se ríe), pero siempre tuve una inclinación especial y me conmovían particularmente
las manifestaciones artísticas. Estudiaba piano, formaba parte de un coro, me
gustaba mucho investigar la vida de los artistas y ver cuadros, si bien no me
animaba a pintar.
¿Qué
estudiaste para ser restauradora?
Cuando terminé el colegio secundario
comencé a estudiar antropología y por situaciones políticas del país esa
carrera se cerró. Luego me anoté en historia del arte y me especialicé en
oficios antiguos. Estudié en la escuela de Domingo Tellechea y me formé con
Máximo Díaz y con Manuel Cescio.
¿Solo
te dedicas a la restauración de obras de arte?
No, además me desempeño como
investigadora y profesora en la cátedra de Conservación Patrimonial en la Facultad
de Arquitectura de la UBA.
Y
para vos ¿qué es una obra de arte?
La obra de arte plasmada
es el reflejo de la realidad de una comunidad determinada en un determinado
tiempo.
¿Y
cómo podés definir qué es el arte?
El arte es una
actividad espiritual, una actividad del alma. Un artista no se pone a hacer
cálculos de cómo va a ser su obra de arte, la hace y ya. Le sale del alma, le
sale del corazón. Después implementa actividades mentales: qué colores
combinan, cuál sería el más frio para hacer un contraste, etc. Pero primero es
un impulso espiritual, es un impulso del alma y a partir de ahí empieza a
crear. Desde la obra de arte la comunidad se identifica.
En
una entrevista anterior vos decías que el arte dignifica, ¿a qué te referís con
eso?
Cuando hablamos de la
restauración de una obra de arte, ya sea desde una tablita chiquita pintada que
puede ser un ícono hasta un edificio como la Basílica de María Auxiliadora, el
Colón o el Congreso, hablamos de obras que son tesoros patrimoniales y por lo
tanto pertenecen a todos. Cuando alguien da dignidad a una obra que pertenece a
todos está dando dignidad también a la sociedad.
¿Qué
sentís cuando restauras algo?
Y… cuando uno restaura una obra de arte
también se restaura a sí mismo, también uno restaura el alma, porque en la
restauración de una obra artística de carácter patrimonial estamos hablando de muchos
años para atrás, entonces estamos hablando de la restauración de una historia,
de la recuperación de un momento histórico.
¿Qué
pasos hay que seguir para restaurar una obra de arte?
Para restaurar una
obra de arte hay que estudiarla mucho. Primero hay que realizar una
investigación histórica, es decir, cómo trabajaban los artistas que hicieron
esa obra, cuáles eran los materiales que utilizaban, ya que los mismos artistas
hacían sus colores y lo hacían con lo que tenían a mano con lo que les daba la
naturaleza. Luego se llevan muestras de colores y materiales al laboratorio
para que puedan identificar sus componentes. Una restauración artística
requiere el estudio de una obra de arte y volver a hacer la misma manufactura
que hizo el artista en su momento. Por eso hay que ser muy fiel y es un trabajo muy serio porque es una obra de arte que
pertenece a la comunidad y tiene que trabajarse desde el punto de vista
arqueológico.
Paso a paso. Con paciencia y mucha dedicación el equipo de Agustina realiza las tareas de restauración.
¿Vos
trabajaste en la restauración del Retablo de la Parroquia de San Ignacio?
Si, durante diez
meses. El retablo de madera lo enceramos a mano con cera natural de abeja.
¿Y
qué sentiste cuando lo quemaron?
Me quería morir…
Cuando entré a San Ignacio primero lloré y después me puse a rezar. De ahí fui
al Nacional Buenos Aires a hablar con los chicos. Me presenté y les conté todo
el tiempo que me llevó, el esfuerzo que me llevó y les hablé de lo genuino que
hay que ser para hacer un trabajo así.
¿Por
qué?
Porque en la vida hay
que ser genuino. Por más que a mí me
apures o me digas que use productos modernos para ganar tiempo y así ganar
plata, no. Yo voy a ser genuina y voy a trabajar para serlo y esto es lo que me
da felicidad, nadie me va a manejar
con nada, yo voy a hacer lo que tengo que hacer. Lo importante para ser
genuinos es nunca bailar la música que ponen otros.
De
tu experiencia como misionera ¿Qué guardás en el corazón?
Yo fui misionera de la
Sagrada Familia. Estuve en Rivadavia, Salta, donde había un alto índice de
mortalidad infantil. También estuve en Tuclame, Córdoba, allí no hay agua, los
chicos están desnutridos, esas son obras de arte que hay que restaurar también.
Mariel Zorz, Sol Funes y María Eugenia García Querol - 3º Comunicación Social
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